Capitalizando el "Bono Demográfico": Cómo la dinámica demográfica puede afectar al crecimiento económico

[Banking the "Demographic Dividend:" How Population Dynamics Can Affect Economic Growth]

by David Bloom, David Canning, Jaypee Sevilla

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Research Brief

Los países pueden lograr estimular su crecimiento económico mediante la reducción de sus altas tasas de fecundidad y la implementación de políticas que mejoren las condiciones de salud, la educación y las oportunidades laborales. Estas conclusiones surgen de un informe reciente del proyecto Population Matters (Temas de Población), de RAND, que se titula The Demographic Dividend: A New Perspective on the Economic Consequences of Population Change (El bono demográfico: Una nueva perspectiva de las consecuencias económicas del cambio poblacional), escrito por David Bloom, David Canning y Jaypee Sevilla. En dicho informe se resumen algunos estudios recientes que ayudan a esclarecer el debate sobre el impacto de la dinámica demográfica en el crecimiento económico —en particular, la importancia de la estructura etaria de la población. También se analiza la relación entre los cambios demográficos y el crecimiento económico en algunas regiones del mundo y se discute el ambiente político que necesitan los países para beneficiarse económicamente de su transición hacia menores tasas de fecundidad.

Consecuencias de la Estructura Etaria Sobre el Desarrollo Económico

Hace décadas que los especialistas discuten el impacto del crecimiento poblacional sobre el desarrollo económico. Por un lado, los "pesimistas demográficos" insisten en que las altas tasas de fecundidad y el crecimiento acelerado de la población inhiben el desarrollo. Dicha perspectiva contribuyó a ampliar el apoyo financiero que recibieron las políticas y programas de planificación familiar en la década de 1960.[1] En el extremo opuesto, los "optimistas demográficos" han argumentado que tanto el crecimiento acelerado de la población como su considerable tamaño absoluto pueden promover la prosperidad económica no sólo mediante la provisión de mayor capital humano e intelectual, sino también de un incremento del tamaño del mercado. Los partidarios de ambos puntos de vista han contado con un amplio respaldo en la literatura; sin embargo, la evidencia empírica todavía no ha aportado conclusiones definitivas.

Existe también un tercer punto de vista, los "neutrales demográficos", quienes sostienen que el crecimiento de la población por sí mismo, es decir aislado de otro factores, tiene un muy bajo impacto sobre los resultados económicos. Dicha postura se respalda en un amplio conjunto de investigaciones económicas y es la perspectiva predominante en el contexto de políticas actual.

Al centrar el análisis en el tamaño y el crecimiento de la población, el debate ha ignorado en gran medida una variable demográfica crítica: la estructura por edades de la población (es decir, la forma en que las personas están distribuidas entre los diferentes grupos etarios). Dado que el comportamiento económico de los individuos varía según la etapa de la vida en la que se encuentran, los cambios en la estructura por edades pueden afectar significativamente el desempeño económico de una nación. Aquellos países que tienen una alta proporción de personas dependientes, ancianos o jóvenes, tienden a dedicarles una parte significativa de sus recursos a dichos grupos, limitando a menudo el crecimiento económico. Por el contrario, los países en los cuales una porción considerable de su población ya alcanzó la edad de trabajar y ahorrar pueden ver impulsado el crecimiento de su ingreso, como consecuencia de la mayor proporción de trabajadores, de la acumulación acelerada del capital y de la reducción del gasto en personas dependientes. Este fenómeno es conocido como el "bono demográfico". El efecto combinado de este "bono" con el de políticas efectivas en otras áreas puede estimular el crecimiento económico.

La relación entre cambio demográfico y crecimiento económico ha ido ganando importancia en las últimas décadas a causa de las tendencias demográficas de los países en desarrollo. Dichos países experimentan un proceso de transición demográfica (a diferentes tasas) hacia niveles más bajos de mortalidad y fecundidad, produciendo un "boom" generacional que gradualmente influye las estructuras etarias. Muchos de los países en desarrollo tienen de esta manera la oportunidad de convertir la transición demográfica en beneficio económico.

Dos Casos Extremos: Asia Oriental y África Subsahariana

La transición demográfica y su impacto en el desarrollo económico se presentan diferencialmente en diversas regiones del mundo. Los países de Asia Oriental han experimentado un mayor éxito en la "cosecha" del bono demográfico debido a sus bajas tasas de fecundidad. Sin embargo, este resultado ha sido menos marcado en otras regiones. América Latina atravesó por una transición demográfica bastante rápida pero, a causa de un débil ambiente político, no la ha podido aprovechar. En Asia Centromeridional y en el Sudeste Asiático la transición demográfica comenzó más tarde que en Asia Oriental, y ha sido menos marcada. Dichas regiones recién están empezando a disfrutar de los beneficios económicos del cambio demográfico. Por su parte, los países de Medio Oriente y de África del Norte se encuentran todavía en etapas iniciales de su transición demográfica y, sin duda alguna, muchas regiones de África Subsahariana prácticamente no han registrado ninguna disminución en sus tradicionalmente altas tasas de fecundidad.

Asia Oriental y África Subsahariana: Proporción de la población en edad laboral, 1950–2050

FUENTA: Naciones Unidas (2001), World Population Prospects: The 2000 Revision, CD-ROM.

NOTA: Las cifras posteriores a 2000 corresponden a proyecciones de las Naciones Unidas.

Asia Oriental y África Subsahariana son la mejor ilustración de dos casos extremos del bono demográfico.

Asia Oriental. El "milagro económico" de Asia Oriental ha mostrado cómo la reducción de la fecundidad puede contribuir a un crecimiento económico robusto. La disminución de la mortalidad y posteriormente de la fecundidad resultaron en una rápida transición demográfica para la región entre 1965 y 1990. Como consecuencia, el crecimiento de la población en edad de trabajar fue cuatro veces superior al de la población dependiente (los jóvenes y ancianos). La existencia de un sistema educacional fuerte y de diversas políticas de liberalización del comercio permitió que las economías nacionales pudieran absorber la generación del "boom" dentro de su fuerza laboral. El bono demográfico potenció el espectacular salto económico de la región: el crecimiento real del ingreso per cápita fue en promedio de 6 por ciento anual entre 1965 y 1990. El bono demográfico da cuenta de entre un cuarto y dos quintos de este crecimiento.

África Subsahariana. En contraste, África Subsahariana ha atravesado por una transición demográfica extremadamente lenta. Las tradicionalmente altas tasas de fecundidad y el gran tamaño de las familias han persistido frente a las mejoras en la mortalidad infantil, y actualmente los estragos del SIDA/HIV están diezmando la población en edad laboral. Como resultado, la edad promedio de la población se ha mantenido baja y no hay bono demográfico que ayude a catalizar un período sostenido de crecimiento económico. En comparación con Asia Oriental, la proporción de personas en edad de trabajar en África Subsahariana se mantiene muy reducida (véase el gráfico). En la medida en que la fecundidad se mantenga alta será difícil que los países de la región logren un aumento en sus ingresos, mejoren sus condiciones de salud o tengan una mano de obra más educada. Sin embargo, hay razones para ser optimistas. A pesar de las difíciles condiciones, proyecciones para los próximos 25 años indican una baja en la fecundidad de 5,5 a 3,5 hijos por mujer. En algunos países —especialmente aquellos ubicados en África del Sur, incluidos Namibia, Botswana, Sudáfrica y Zimbabwe— ya se ha logrado una reducción en la fecundidad. Sin embargo, en la mayoría de los países de África Subsahariana los hijos siguen siendo considerados como una valiosa fuente de mano de obra y de seguridad para la vejez, hecho que ha retardado el efecto de las políticas de reducción de la fecundidad.

Pero aún pueden existir oportunidades para la región que ayuden a revertir los ciclos que han impedido el crecimiento económico. Un posible paso inicial consiste en mejorar el status de la mujer. Si los decisores de política pueden resaltar la importancia de la educación y el poder de la mujer africana —quienes constituyen una fuente clave de recursos económicos y sociales— es más probable que los países experimenten descensos de la fecundidad y un alza gradual de la proporción de población en edad laboral.

La Necesidad de Políticas Efectivas en Otras Áreas

Tal como se comprueba en los estudios de casos, la declinación de las tasas de fecundidad puede crear condiciones que conducen al crecimiento económico. Sin embargo, esa declinación no es por sí misma una garantía de prosperidad. A fin de contar con el bono demográfico, los países también necesitan políticas efectivas en algunas áreas claves.

Catalizando la transición demográfica. El mejoramiento de la salud pública es un elemento clave para iniciar la transición demográfica. Toda mejora en el plano de las condiciones sanitarias, en programas de inmunización y provisión de antibióticos conduce a una baja en la tasa de mortalidad, que lleva a su vez a un descenso de la fecundidad. Además, hay razones económicas para invertir en salud: son crecientes las investigaciones que demuestran que una población saludable puede promover el crecimiento económico y disminuir la pobreza. Esto contradice la antigua creencia de que la causalidad sólo actúa en sentido inverso; es decir, que a mayor prosperidad y aumento de la riqueza mejores son las condiciones de salud.

Acelerando la transición. La existencia de programas efectivos de planificación familiar puede acelerar la transición demográfica, intensificando potencialmente los beneficios económicos y sacando a los países de un ciclo de pobreza.

Aprovechando la transición. Políticas en tres áreas claves — la educación, la economía y la gobernación — son consideradas imprescindibles para el aprovechamiento del bono demográfico.

  • Educación. La transformación de una población joven en una fuerza laboral productiva requiere inversión en todos los niveles educativos.
  • Política económica. Una mayor y mejor capacitada fuerza de trabajo sólo rendirá beneficios si los nuevos trabajadores pueden encontrar trabajo. Las políticas gubernamentales conducentes a estabilizar las condiciones macroeconómicas están relacionadas con el crecimiento del trabajo productivo y remunerado. La flexibilidad del mercado laboral y la apertura comercial son también factores de importancia, pero las reformas políticas más relevantes deben ser adoptadas gradualmente y de forma tal que protejan a quienes puedan resultar perdedores en dichas transacciones.
  • Buena gobernabilidad. En muchos países los pasos necesarios para un mejor aprovechamiento del bono demográfico deben incluir el fortalecimiento de la ley, el mejoramiento en la eficiencia del gobierno, la reducción de la corrupción y la garantía de la ejecución de los contratos.

Los resultados de políticas exitosas en todas estas áreas pueden reforzarse mutuamente y así contribuir a crear un "ciclo virtuoso" de crecimiento sostenido. Por el contrario, sin políticas efectivas los países pueden estar perdiendo oportunidades para el crecimiento económico. Peor aún, se exponen a experimentar altas tasas de desempleo, aumento de las tasas de criminalidad e inestabilidad política.

Una Mirada Hacia Adelante

Los decisores de política de los países en desarrollo se encuentran frente a una oportunidad (limitada en el tiempo) para lograr la reducción de la fecundidad y la madurez de sus poblaciones jóvenes antes de que la generación del "boom" llegue a su etapa no laboral.[2] Por lo tanto, los decisores deben actuar con prontitud para implementar las políticas necesarias para catalizar y acelerar la transición demográfica y así obtener sus beneficios. El entendimiento de los desafíos y las implicancias de los cambios en la estructura etaria puede ser útil para las organizaciones internacionales en su trabajo con los gobiernos y puede intensificar la capacidad gubernamental para optar por aquellas políticas que fortalezcan el potencial económico inherente en el cambio demográfico.

Notas

  • [1] En The Origins and Evaluation of Family Planning Programs in Developing Countries, (RAND MR-1276), escrito por Judith R. Seltzer, se exploran las justificaciones para las políticas de planificación familiar y la evolución programática de los programas en esta área. Este documento se encuentra disponible en https://www.rand.org/pubs/monograph_reports/MR1276/.
  • [2] Véase Preparing for an Aging World (Preparándonos para un mundo que está envejeciendo) (RAND RB-5058/4), resumen de Population Matters, en el que se investigan las implicancias del envejecimiento en las instituciones sociales existentes y la forma en que las investigaciones comparativas pueden proveer información para la toma de decisiones políticas. Este documento está disponible en https://www.rand.org/pubs/research_briefs/RB5058z4.

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